Vi cambiar su cuerpo. Se agazapó sobre el tejado con una mano asida al alero. Toda aquella misteriosa, simpatía había desaparecido y ahora era un cazador. Eso era algo que yo reconocía, algo con lo que me sentía cómoda porque lo entendía. Desconecté el cerebro. Era el momento de cazar. Respiré profundamente y atraje el aroma de la sangre del interior de los humanos de allá abajo.





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