Tycho Brahe y Johann Kepler diferían en todo: edad, cuna, fortuna, carácter, incluso apariencia física. El primero era como un león: nacido en Dinamarca, tenía el cabello de fuego de sus antepasado vikingos, la glotonería de un ogro y la irascible violencia de un bárbaro. El segundo parecía más bien un zorro: había nacido veinticinco años más tarde, en 1571, en una cabaña miserable de la Selva Negra, tenía el rostro picado de viruelas, era poco dado a comer o beber y mucho menos a la risa.
Gracias a su fortuna, Brahe pretende construir el mayor observatorio de todos los tiempos en la isla de Venusia. Convertido en déspota del reino de Urania, va acumulando como un maniático cientos de observaciones sobre el cielo. Kepler, por su parte, sufre una especie de fiebre llamada «revolución» y se sirve de astucias con los poderosos mientras recorre universidades y palacios, donde demuestra una prodigiosa capacidad de pensar y de calcular. Hasta que se da el encuentro dentro los dos hombres: un choque violento, pasional e incluso cruel. Tan sólo un vencedor emerge de este duelo: la verdad acerca del universo.
Con la atención al detalle de un poeta y el conocimiento de un científico, Jean Pierre Luminet construye una novela impecable que nos presenta la vida de dos personajes apasionantes en una etapa crucial de la historia de la ciencia.





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